martes, 10 de febrero de 2015

Capítulo 12: "La Fiesta"

Todo estaba perfectamente organizado. El único problema era de dónde iban a sacar una cabra porque ella era el regalo. Alan cumplía 20 años. Resultaba que su más íntimo amigo era el hermano de Martina, Ismael. Desde que eran pequeños que su relación había sido muy profunda. Nunca discutían, ni tan siquiera cuando Ismael le contó a Alan que había decidido irse a buscar trabajo fuera de España. Alan animó a su amigo y le deseo suerte en su proyecto. Y ahora, un año después, Ismael regresaba a su tierra y Alan no lo sabía. Aparecería en la fiesta de su amigo con una cabra bajo el brazo que llevaría un lazo azul entre las orejas. Lo que iban a organizar sería un auténtico cachondeo y un inesperado desastre. El primo de Ismael había contribuído a dejar el local para celebrar la fiesta de Alan.
--Ismael, ¿ya tienes la cabra?-- le preguntó Martina a su hermano porque faltaban 4 horas para el gran momento.--Ya sabes que tienes que traerla a las 9 de la noche, allí estaremos todos. Ya le habremos dado el susto. Al final el local de Raúl se ha podido acondicionar y cabemos los veinticinco. El problema ha estado con la pasta, al final me ha dejado la mamá 50 euros y les he dicho a cada uno que traigan algo de su casa que no me llega el dinero para tanto. Ya veremos. Ahora están allí terminando de organizarlo todo y muertos de frío. ¿Qué hacemos con la calefacción?
--Hombre... algo hay que poner Martina. Anda que tu también decirlo a última hora... ya podías haberlo dicho antes que para eso eres tía y vosotras caéis más en esas cosas que nosotros. ¿Cómo voy a pensar yo si hace frío o no hace frío?
--¿Con qué es cosa de tías, no? Ya sabes lo que pasó la última vez allí, ¿no? Tu querida hermana pequeña Rosalía empezó a contar una historia increible. Eso fue en el último cumpleaños de Raúl que también lo celebramos allí. No veas que miedo pasamos.
--¿Qué historia?-- Ismael se quedó sentado mirando fijamente a su hermana, con cara perpleja.
--Muy fuerte, no se si contártela. ¿Pues no se le ocurre a la petarda ésta contar que encontraron a la tía Rita muerta en el local una fría noche de otoño? Qué no sabían de qué había muerto y al final ni se había muerto ni la habían encontrado, solo habían visto que en el suelo estaba un manojo de pelos atado con una cuerda. ¡Qué susto! La gente se quedó muy asustada.
--¿Pelos?
--Si, pelos... el pelo que te estoy tomando... ja, ja, ja.